martes, 27 de mayo de 2014

La ciberdelincuencia en México y su adhesión al Convenio de Budapest



El fenómeno de la globalización, los avances en la tecnología de la información, y los adelantos en las telecomunicaciones instauran escenarios y desafíos drásticamente distintos a los experimentados décadas atrás. No hay duda que estos cambios han provocado profundas transformaciones en prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana. La criminalidad no es la excepción: estamos siendo testigos de la comisión de delitos cada vez más sofisticados y el surgimiento de estructuras criminales cada vez más complejas, que comprometen y dañan de manera negativa los bienes jurídicos tutelados por el Estado. 

En especial, el ciberdelito se caracteriza por la utilización de medios electrónicos, que incluyen no sólo equipos de cómputo, sino también teléfonos inteligentes, redes de internet, cadenas de servidores y plataformas virtuales, entre otros, para la comisión de ilícitos. El margen de maniobra de los delincuentes es bastante amplio. 

Aunque, en México la ciberdeliencuencia es una actividad que ha ido ascendiendo durante los últimos años, las nuevas tecnologías y las herramientas informáticas han propiciado nuevos método para cometer  actos ilícitos. En ese sentido, la Comisión Nacional de Seguridad reporta que alrededor del 40% de la población en México (50.1 millones de personas) utiliza el Internet, por lo tanto, existe una gran posibilidad de que se pueden cometer delitos a través de estos medios electrónicos. De diciembre de 2012 a febrero de 2014, se han presentado 21 mil denuncias por ciberdelitos. Sin embargo, esta cifra puede ser cuestionable debido al número real de delitos cometidos, ya que no todos son denunciados. 

Para dimensionar la gravedad del problema cabe destacar que durante 2013, 378 millones de personas fueron víctimas de este delito alrededor del planeta, lo que equivale a 12 víctimas por segundo.
Los principales delitos cometidos por medios electrónicos en México, según la Policía Federal a través de la División Científicas, son, en primer lugar la pornografía infantil, en segundo lugar la corrupción de menores, en tercer lugar la pedofilia, en cuarto lugar amenazas a menores y en quinto lugar la usurpación de identidad. Cabe destacar, que el perfil de los responsables de los ciberdelitos es muy particular: su edad oscila edad entre los 18 y 25 años, tienen un nivel económico medio y poseen una formación profesional. Es importante destacar que nuestro país no dispone de estadísticas sobre ciberdelincuencia. Este asunto constituye una debilidad, y es una asignatura pendiente en la agenda del combate a este ilícito. 

En términos económicos, tan sólo en 2013 los delitos cibernéticos tuvieron un costo de 113 mil millones de dólares americanos a nivel global, cifra que rebasa los ingresos anuales generados por diversas actividades perpetradas por la delincuencia organizada. En el caso específico de nuestro país, se calcula que el costo de los delitos informáticos asciende a alrededor de 39 mil millones de pesos, encabezando la lista de países latinoamericanos en los que la población ha sido víctima de algún tipo de ciberdelito, seguido por Colombia y Brasil.

El impacto económico es alto, pero es aún más cuando se considera la desconfianza que genera en la población. Por destacar un dato: para el año 2012 en México, el 36% de las personas señalaron que no realizaron compras por Internet ante el temor de proporcionar los datos de su Tarjeta de Crédito y que estos pudieran ser robados. 

En materia de ciberdelincuencia existen numerosos retos. El primero de ellos es la tipificación exacta y puntual de las conductas delictivas. El segundo, la conservación y resguardo de la evidencia mediante la implementación de cadenas de custodia adecuadas. En tercer lugar, la ejecución eficaz del análisis forense sobre dicha evidencia, debido a su alta complejidad técnica. En cuarto lugar, el desafío de desarrollar  habilidades y competencias de los recursos humanos institucionales mediante la capacitación y especialización de los servidores públicos responsables del seguimiento de este tipo de delitos. Quinto. A nivel internacional se requiere eliminar los obstáculos entre países mediante el fortalecimiento de la cooperación internacional. 

El Convenio de Budapest es hasta la fecha el único instrumento internacional más avanzado en materia de combate a la ciberdelincuencia. De ahí que resulta imperativo concretar su vinculación a la mayor brevedad. Dicho instrumento permitirá establecer mecanismos de cooperación más eficientes y expeditos para investigar y sancionar esta clase de conductas. La mayor fortaleza de este delito radica en que trasciende las fronteras geográficas y jurisdiccionales de los países. Es necesario  
La adhesión de México a dicho Convenio constituirá un punto de partida fundamental para la actualización y mejora de la legislación en materia de ciberdelito. Aunado a ello, y en respuesta a este fenómeno delictivo que avanza vertiginosamente, deben fortalecerse las instituciones a través de la transformación y modernización de nuestras estructuras, así como de las técnicas de investigación que se utilizan. 

La aprobación de las reformas necesarias para actualizar el marco jurídico nacional, permitirá a México colocarse a la vanguardia, a fin de responder a las necesidades de la sociedad y convertirse en un líder en la zona en el combate a la ciberdelincuencia. 

En un mundo como en el que vivimos, es una prioridad la adaptación de las leyes y de las autoridades a un entorno que cambia todos los días, incluso cada hora. El objetivo debe ser generar un marco de confianza y seguridad para la ciudadanía, adoptando las mejores prácticas a nivel internacional.
Aunque la mayoría de los cibercrimenes son formas más sofisticadas de otros tipos de crímenes que ya existían en el mundo offline, la ciberdelincuencia presenta retos novedosos a las autoridades, ya que los delincuentes han aprendido a utilizar las tecnologías para aumentar su alcance y mantenerse en el anonimato. El Estado tiene la obligación de ser mejor en adoptar tecnologías para combatir este tipo de delitos. 

Para esto, es indispensable la colaboración de todas las autoridades dentro de México, y también, que las naciones tiendan líneas de comunicación que nos permitan compartir experiencia y combatir estas actividades más allá de forma internacional, ya que el ciberespacio no tiene fronteras.

Quiero destacar las siguientes ideas en torno al tema:
Primero.- El impacto económico del cibercrimen es grave, pero el costo social es mayor, por el daño que ocasiona a ciertos sectores de la población.
Segundo.- Se requiere trabajar en la producción de estadísticas que permitan entender la magnitud de este fenómeno para poder contar con mejores políticas públicas para combatirlo; 
Tercero.- Es indispensable fomentar la cultura de la denuncia de los ciberdelitos;
Cuarto.- El cibercrimen es un fenómeno global, complejo y transfronterizo, por lo que es urgente aprovechar los esquemas de cooperación internacional y trabajar con los diversos órdenes de gobierno para combatir el cibercrimen;
Quinto.- Es indispensable adecuar nuestra legislación para que las autoridades puedan combatir el cibercrimen de manera efectiva y oportuna.
Por último, México todavía tiene bastante camino por recorrer, ya que es necesario tener mayor capacitación a nivel técnico, realizar la armonización legislativa en la materia, aumentar la coordinación con otros países, e incrementar la inversión tecnológica en seguridad. 


Omar N. Torres García.  Politólogo.

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