Sociedad refiere a un término cuya complejidad y sentido amplio nos permite definir a toda clase y grado de relaciones en las que se involucran los sujetos, ya sea de manera organizada o desorganizada, directa o indirecta, de colaboración o antagonismo, incluye por tanto a todo aquel tejido de las relaciones humanas el cual no recibe límites o fronteras definidas concibiendo de esta forma, ciertos tipos de sociedad tales como las amorfas, numerosas, específicas, interconectadas, etc. Esta amplia gama sobre la concepción del término sociedad permite enfocar la atención al análisis de la conducta humana, específicamente en las múltiples y variadas relaciones en las que se involucran los sujetos durante el transcurso de su vida.
Sociológicamente se concibe que los seres humanos muestren constantemente normas regulares y recurrentes, por lo que pueden ser definidos como animales sociales y no criaturas aisladas. El hombre como sujeto es potencialmente sociable y político con intereses y expectativas diferentes a sus similares, por lo cual cada uno interactúa en sociedad con diferentes roles de vida según factores económicos, culturales, sociales y educativos como los más importantes.
No obstante, desde la perspectiva iusnaturalista se establecía que más que existir una necesidad de los sujetos por organizarse, también era necesario establecer una serie de reglas y normas que le permitieran regularse a sí mismo a través de relaciones más complejas de autoridad. Ello comenzó a concebir el contrato social -fundación del Estado- como aquella fundación jurídica que establecía los límites entre la soberanía y el pueblo como una aglutinación de gente en un territorio común y delimitado, con sentido de pertenencia e identificación, explicando el nivel de organización y participación en la vida social subiendo en complejidad el grado de relaciones sociales.
Por lo anterior, el presupuesto básico refiere a la existencia dentro de una sociedad moderna sujetos con capacidad de discernir racionalmente entre las ofertas que se le presentan que pueden contribuir con su opinión a la toma de acuerdos, ellos mismos pueden agruparse para participar en los asuntos públicos gozando de derechos democráticos, en pocas palabras, los sujetos son considerados ciudadanos(1). El ciudadano como piedra angular del edificio democrático tiene una serie de derechos civiles, políticos y sociales, y obligaciones también en esos tres terrenos, a diferencia de otros regímenes donde los sujetos son considerados engranajes para la reproducción del orden imperante, mientras que en la democracia éstos gozan de una serie de garantías que son constitucionales a la forma de organización democrática.
Los acuerdos entre gobierno y sociedad para canalizar las demandas sociales, políticas y económicas, y a su vez la interacción de las mismas, buscan diversos medios para encontrar una comunicación más directa, dando paso a la aparición de organizaciones complejas haciéndose de las demandas ciudadanas conformando proyectos políticos de grupos. Por lo anterior, en sus inicios antes llamados, clubes, asociaciones, facciones, etc., junto a la sociedad en desarrollo aparecieron las organizaciones políticas que fueron representando a sectores más amplios de la población, siendo las bases para la formación de los partidos políticos(2).
El fenómeno de los partidos ha intentado ser explicado en innumerables textos por igual número de expertos en el tema, pues implemente la definición del concepto partido involucra un gran debate. En el transcurso de cambios en las relaciones sociales se ha concebido la idea de los partidos políticos como aquellas aglutinaciones de grupos y organizaciones con intereses comunes conformado por sujetos de la misma sociedad y siendo hasta este momento, la máxima expresión de la participación política institucionalmente reconocida por el Estado y los ciudadanos, permitiendo con su existencia la consolidación y el reconocimiento de la democracia representativa como aquel régimen cuya capacidad radica en la soberanía popular.
La democracia es un sistema de instituciones de representantes que cambian, dicha cualidad de cambio conjura estabilidad y fomenta la participación ciudadana en la esfera pública, mientras los regímenes autoritarios de diversos tipos no retraen los asuntos privados, los públicos se encuentran en la élite que detentan los mandos del Estado. La conformación de organización del partido político implica libertades de la existencia y extensión del sufragio, de las identidades y consenso entre la sociedad y las garantías de participar -de reunión, expresión, manifestarse, etc.-, así como la necesidad de organizaciones políticas para proponer proyectos políticos nacionales las cuales sin embargo, no pierden el origen tendencioso de los grupos iniciadores, haciendo del partido un grupo oligárquico que ven a este como el medio para llegar al poder.
La organización y la estructura de los partidos en el transcurso de los años han cambiado mucho, desde la primera mitad del siglo XIX cuando se hablaba de partidos se hacía referencia esencialmente a las ideologías más que a los hombres que las encarnaban. Marx y Lenin hablaron de partidos como modos de expresión de las clases en la vida política. Con Ostrogoriski y Michels se comenzó a identificar el partido con la estructura, el aparato o la organización, donde nació la concepción del partido como maquinaria. Después, a mediados del siglo XX la definición o el acercamiento a una posible descripción de partido la sintetiza Duverger en 1951, como una unidad de estructura particular, al igual Panebianco en 1990 que sistematiza el interior del partido como el engranaje de un sistema individual, seccionándolo para hacer un estudio más minucioso(3).
En el desarrollo de los partidos al ser organizaciones numerosas tienden a la necesidad de dirección por medio de élites dirigentes, rasgo que puede desviar la esencia de los partidos en la tendencia y teorías de organización de los mismos así como en su conformación, no obstante dicha esencia -intereses de grupo por medio de proyectos políticos- es lo que define a los propios partidos desde su creación en objetivos y fines. Los sesgos y rasgos tendenciosos que puede llevar a las organizaciones masivas a definirse y accionar dependen de la concentración de influencia y de toma de decisiones en las élites de poder o dirigentes, que generan en la cumbre de dichas estructuras una oligarquía, parte intrínseca de la burocracia de la organización en gran escala, por tanto el hombre como sujeto social cede el poder efectivo a los pocos que ocupan los cargos superiores de cualquier organización masiva(4).
La tendencia de las organizaciones políticas a formar jerarquías como parte fundamental para organizarse una vez alcanzado un volumen en tamaño y complejidad importantes, delega a la élite de funcionarios o representantes privilegios y poder político para establecer y desarrollar proyectos políticos según el planteamiento y aspiraciones de cambio, de tal forma que muchas de las iniciativas de las organizaciones de masas reflejan la voluntad y los intereses de los líderes y no la voluntad y los intereses de la masa(5).
Siendo miembro del Partido Social Demócrata alemán Michels hizo críticas severas al funcionamiento antidemocrático de los partidos políticos en general, por las tendencias oligárquicas como imposibilidad de un funcionamiento auténticamente democrático de los partidos políticos de masas. Sin embargo, estaba de acuerdo en que la organización es el único medio existente para poder llevar a cabo una voluntad colectiva en la sociedad de masas.
A mediados de la década de 1950 en Estados Unidos, el sociólogo y filósofo estadounidense C. Wright Mills escribió la élite del poder un estudio sobre la conformación de los grupos de poder y las élites gobernantes en ese país, lo interesante sobre dicho estudio fue cómo el autor identifica la composición de los círculos de poder en distintos ámbitos -económico, político y militar-, más aún, resalta el desarrollo y las relaciones entre familias influyentes en estos ámbitos las cuales retroalimentan el mismo círculo de poder.
Los miembros de dichas familias se vuelven formadores de opinión pública, los que toman decisiones importantes para sus empresas y grupos políticos, ciertamente tratando de asegurar la supervivencia de sus privilegios compitiendo con los demás grupos poderosos, sin generar un cambio de estructura radical sólo un cambio de posición de élites(6). Mientras sucede la conformación de grupos de poder a lo largo del desarrollo de sociedades, el proceso de evolución de los partidos políticos junto con las acciones individuales y colectivas de los sujetos también influyeron en la composición de la estructura social.
Todas las acciones individuales del sujeto están relacionadas con la experiencia empírica y el día a día -se definen por los actos de nacer, morir, casarse, el libre albedrío, etc.- mientras que sus acciones colectivas se dan por relacionarse con demás sujetos -el sufragar, comprar mercancías, tener familia, etc.- El animal social del sujeto ahora también político potencialmente con respecto a sus relaciones y participación en grupos, deja ver entre ellos mismos los rasgos de su conformación, sus intereses sociales y políticos grupales. Las acciones humanas y los hechos de la vida colectiva no se pueden entender del todo si no se comprende la interacción de los sujetos entre sí, dentro del fenómeno de sociedad creando cualquier tipo de relación, así pues su identidad y sentido de pertenencia serán las propulsoras que contenga la cultura de los sujetos que los determina de manera importante en la comprensión del mundo que los rodea.
Si la sociedad se caracteriza por aglutinar toda relación humana en grupo donde conviven y se relacionan los sujetos dentro de un mismo espacio con la finalidad de cumplir mediante la mutua cooperación todos o algunos fines de la vida, es la cultura quien forja dichas relaciones por medio de símbolos, normas, ideales y costumbres transmitidos por generaciones, las cuales dan características únicas a los sujetos de una comunidad generando identidad y pertenencia de grupo(7).
Con la intención de comprender de qué forma la población organiza y procesa sus creencias, imágenes y percepciones sobre su entorno político y de qué manera éstas influyen en la construcción de las instituciones y organizaciones políticas de la sociedad, como en el mantenimiento y procesos de cambio de las mismas, la noción de cultura política es en sí la distribución particular de patrones de orientación sociológica hacia un conjunto especifico de objetos especiales -propiamente políticos- entre sujetos de dicha nación. Los sujetos ejercen acciones dirigidas a los fines del proyecto político de los partidos que tratan de influir en la política estatal, participando en determinado acto o proceso político dependiendo de la coyuntura, dichos compartimientos tienden a generalizarse y a clasificarse dependiendo de los grados de intensidad o de involucración por parte de los sujetos políticos, haciendo referencia a baja, media y alta participación política.
La clasificación de los grados de intensidad de participación política entre sujetos como miembros de organizaciones políticas, van progresivamente de acciones mínimas a grados de conflicto, se dan pues desde el sufragar, involucrarse en una campaña política, pretender persuadir a otros a favor de un candidato, tener diversas tareas como la propaganda, facilitar información, actividades comunitarias que consistan en tratar de desarrollar y formar conciencia, así como informar y persuadir colectivamente, participar en actividades de protesta para ejercer presión, ser partícipe de movimientos sociales para responsabilizar públicamente al gobierno de diversas situaciones, etc.
No obstante, la diferencia entre la participación política de las masas y de la importancia de los dirigentes como su contraparte, se delimita por el poco interés por parte de la primera y más determinante aún por la educación e ilustración general contraste de los líderes. Dichas diferencias se crean por la dedicación de tiempo completo y especialización en materia política por parte de los dirigentes de los partidos y gobiernos, mientras que los demás sujetos en general atienden a sus distintos roles de vida donde convergen diferencias de cultura y educación. La participación como la cultura política definen al igual que son definidas a la sociedad, como también su ideología e incluso la forma en que se tiene conformado el sistema político. Los proyectos políticos que puedan ser presentados por parte de los partidos tendrán rasgos generales similares en su composición y su estructura para lograr su expansión y aceptación social donde impere lo político, son en tal sentido, los rasgos característicos y diferenciadores de los partidos políticos a otras organizaciones de diversa índole.
1. Luis Salazar y José Woldenberg, Principios y valores de la democracia, México, Cuadernos de divulgación de la cultura democrática, Instituto Federal Electoral, 2008, segunda edición, vol. 1, p. 43.
2. Gabriel Romero Vázquez, Partidos políticos y formación de cuadros, México, I.E.E.S.A, 2006, p. 7.
3. Jaime F. Cárdenas Gracia, Partidos políticos y democracia, México, Cuadernos de divulgación de la cultura democrática, Instituto Federal Electoral, 2008, segunda edición, vol. 8, p. 40.
4. Robert Michels, Los partidos políticos I: un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna, Buenos Aires, Amorrortu, 2003, p. 13.
5. Ibíd., p. 16.
6. Wright Mills, la élite del poder, México, FCE, 1957, pp. 16-17.
7. Jacqueline Peschard, La cultura política democrática, México, Cuadernos de divulgación de la cultura democrática, Instituto Federal Electoral, 2008, segunda edición, vol. 2, p. 9.
Saúl Ballinas. Politólogo
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